lunes, 17 de octubre de 2016

"Saca toda tu vergüenza", pedí a mi mente. Y que horrores vi. Un desfile patético en el que estaban todos mis fallos, mis mentiras, mi egoísmo, mis celos, mi arrogancia. Pero los contemplé sin pestañear."Muéstrame lo peor", dije. Y al invitar a las peores unidades de vergüenza a entrar en mi corazón, se quedaron en el umbral, diciendo: "No. A mí no me querrás invitar a entrar. ¿Sabes lo que he hecho?". Y yo decía: "Sí que te quiero tener dentro. A pesar de todo sí que quiero. Hasta a ti te acojo en mi corazón. No pasa nada. Te perdono. Formas parte de mí. Al fin podrás descansar. Se acabó". 

Al acabar, me quedé vacío. Ya no tenía la mente en guerra. Miré dentro de mi corazón y me asombró lo grande que me pareció. Le quedaba mucho espacio para la bondad...

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