lunes, 17 de octubre de 2016

El claro-oscuro

Heme aquí, en la habitación que resulta ser mi mente
con la única compañía que resulta ser el corazón,
y que por años estuvo en un crepúsculo
sin mucha luz, sin mucha oscuridad
Una puerta hay en mi habitación,
tengo la llave colgando del cuello,
y que guardo junto al corazón,
para que no sea mi soga al cuello.
Y resultó que un día llamaste a la puerta,
y estando solo con el corazón que a veces se me hace un compañero de vida aburrido
te deje entrar y te invite a quedarte,
y así empezó el claro-oscuro que me mantiene animado.
Ahora todo es un vaivén de emociones,
antes mi corazón era la única luz en la habitación,
que mantenía en las noches oscuras la luz para no sucumbir ante las inquietudes,
ahora hay otra luz que lo llena todo cuando brilla con pasión.
Pero tu corazón que es a veces fuente de luz,
es también a veces fuente de tinieblas que roban la tranquilidad,
y cuando nuestros corazones coinciden en apagar la luz,
la tiniebla se apodera de la habitación y siento desesperar y sucumbo en la intranquilidad.
En la habitación hay un par de ventanas, 
que como un par de ojos todo lo miran,
 
el mundo fuera de mi habitación
 
me atemoriza tanto como me cautiva
Cuando la oscuridad es la que domina la habitación, 
me acerco y miro por la ventana del alma buscando consuelo,
pero el mundo es a veces salvaje y resulta de lo importante una distracción,
y al venir de lo oscuro, me veo cegado y encandilado por la a veces fatal percepción y me desvelo.
Segado entonces, regreso a mi habitación,
y como es usual al pasar de lo claro a lo oscuro,
 
lo veo ahora todo aun más oscuro de lo que en realidad es, que ¡fatal percepción!
y entonces me desespero y caigo en un vacio aun más oscuro.
Cuando tu luz brilla en mi habitación, 
logro levantarme y caminar hacia ti,
 
¡todo me es más fácil! con tu luz enciendo la mía y alumbrando con pasión,
me ayudas a disipar toda tiniebla, y me siento al fin cerca de ti.
No siempre sé que pasa en tu habitación, 
no siempre me dejas quedarme en ella,
son días un poco oscuros en mi habitación,
 
y en el lugar donde estas usualmente en mi habitación hay una silla vacía.
Esos días, saco fuerzas a pura voluntad, 
para salirte a buscar, porque no quiero que sientas desesperación,
 
siempre con la esperanza de que quieras ser encontrado,
toco a tu puerta esperando que me dejes pasar a tu habitación.
Hoy la silla está vacía, 
toco a tu puerta,
pero tu habitación también está vacía,
saliste de paseo.
Regreso a mi habitación, hay oscuridad,
apenas titilo lo suficiente para poder ver,
en las ventanas veo siluetas,
 
el mundo me quiere decir algo.
Dejo pasar un poco de su luz,
a veces me ayuda a ver,
 
pero a veces me encandila
 
y luego todo es más oscuro.
Es todo como una cueva,
afuera hay luz pero hay algo más,
que crea sombras al fondo de la cueva,
 
sombras que son magnificadas, veo cosas que no son.
Se como es el mundo fuera de la cueva que resulta ser mi habitación,
generalmente paso de largo de la turbulencia,
 
lucho contra ella y las desenmascaro,
pero a veces cedo ante ella.
Y caigo entonces en su fatal red, 
y no estas ahí para encender con tu luz, mi luz,
 
no estás para ser mi faro en la penumbra de mi alma,
cuando llegas soy un agujero negro que ya ha absorbido todo.
En mi desesperación por salir, me sujeto de lo que puedo
pero estoy solo, y siento que me ahogo,
llegas, pero el caos es tanto,
 
que trato de extinguir también tu luz.
Es entonces que caemos ambos en la oscuridad de mi habitación,
luchamos por encontrar al enemigo y lograr encender la luz,
hoy no hay enemigo, eran sombras fuera de la cueva,
y con quien luchamos es el uno contra el otro.
No nos damos cuenta, 
luchamos fervientemente por encender la luz,
pero luego de cegarnos con ilusiones,
la oscuridad es absoluta. ¡El silencio es total!
Al final nos logramos reconocer el uno al otro,
y tratamos de levantarnos,
 
sanar un poco,
y finalmente tratar de encender la luz, el uno del otro.
Resultó que una de las sombras, 
involuntariamente te siguió,
tú en tu silla, y ella esta detrás de ti,
¿la trajiste tu? ¿la traje yo?
Tu no la vez, Yo sí,
así que para mí está ahí,
te pido que veas algo que yo veo,
al final me ayudas a ver que no hay nada ahí.
Finalmente la tempestad está pasando,
un tanto adoloridos nos volvemos a ver,
 
sonreímos,
la luz lo empieza a llenar todo.
Vamos aprendiendo a navegar juntos 
en días soleados, o en tormentas impredecibles,
y voy descubriendo que no hay mejor compañía
que el dúo formado por nosotros.
El claro-oscuro es ahora
un jardín salvaje,
más encantador que salvaje,
en mi habitación ya no hay una silla, ahora hay dos.
He decidido sacar una copia de la llave de mi habitación,
para dártela, hoy me asome por tu ventana,
me pareció ver todo más iluminado,
espero no ser una sombra titilante al fondo.
Espero ver un día, dos sillas en tu habitación,
y colgando de mi cuello junto a mi corazón,
 
no solo la llave de mi habitación,
 
para poder entrar libremente e iluminar como iluminas tu.



Final alternativo: 
Hoy te saque de mi habitación con todo y silla y te quité toda llave! Al final eras tú fuera de la cueva engañándome con juegos de sombras. Hoy decido hacer metamorfosis!

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