lunes, 5 de junio de 2017

Ser zurdo es como ser gay”
Por Rafael Semeraro
Dos historias sobre lo ridículo:
Hace muchos pero muchos años, en la escuela que queda ni aquí ni allá, Carlos no comprendía que había de malo en sentirse más cómodo con trazar las vocales con la mano izquierda que con la derecha, el veía a todos sus compañeritos y compañeritas hacerlo con la derecha, pero él no podía ni sujetar el lápiz sin que se le cayera. La niña Pochita muy enojada le había pegado con la regla de madera en la mano izquierda…

En la misma escuela, no hace tantos años, Marco con la nariz llena de mocos lloraba solo durante el recreo luego de que la niña Pochita le dijera que se parara “como varón” mientras trazaba la letra “a” en la pizarra... la tiza se le cayó de la vergüenza que sintió al tiempo que sus compañeritos y compañeritas se reían  a viva voz.
(Ejemplifico con niños por dos razones muy sencillas, cuando Carlos iba a la escuela, y ser zurdo estaba mal visto, las niñas no tenían el privilegio de poder ir a la escuela. Y en cuanto a Marco porque la sociedad machista en la que vivimos, otorga roles que él “no podía” incumplir. Pero bien pudo ser Ana que durante el recreo era la portera durante un partido de futbol mientras que sus otras compañeras jugaban elástico o rayuela)

Conforme pasó el tiempo, Carlos se vio forzado a aprender a usar su mano derecha, y no es que el fuese ambidiestro, fue obligado a hacer algo que está en contra de sí mismo, su letra no era muy bonita, pero bueno él no era ágil con la derecha como lo es con la izquierda.
Marco por su parte tuvo que “controlar” su forma de ser y de expresarse para no “romper el molde” de varón, máxime que era el hijo mayor de don Juan, el carnicero del pueblo, y fue así que al cumplir 21 se casó con Ana que también fue a la misma escuela, solo para cumplir con lo que la sociedad y su familia esperaba de él (y de ella).

Hoy en día cuando vamos a cualquier escuela vemos pupitres y tijeras para zurdos, y el mero hecho de recordar que hubo un tiempo en el cual ser zurdo “estaba mal” nos parece ridículo, somos conscientes de que nada tiene que ver con la persona, no es una enfermedad ni algo por lo cual sentirse avergonzado, es algo que es y ya.

Pues resulta que igual de ridículo es que haya quien considere la homosexualidad (y en general la diversidad que engloban las siglas LGBTI) como una enfermedad. Sin embargo aún hoy en día ser gay sí que es un problema, hay quienes miran a Marco y Ana con reproche por ser “amanerado” o por jugar juegos de niños.

Anécdotas personales - nociones de la experiencia:
De niño Rafael (yo), jugaba más al elástico con mis compañeras Eugenia y Mónica que al futbol con David y Alfonso (lo más deportistas). Yo no era muy hábil con los deportes, recuerdo tener un grupo de amigos, éramos 5 chicos bastante unidos (me reservo los nombres porque no sé cuáles “resultamos” gays y cuales no), y nos encantaba Pokémon, y como ninguno practicaba deportes y jugábamos con Eugenia, Mónica y otro par y no al futbol, los otros compañeros nos pusieron de apodo los “poke-playos”.

No sé bien si es que yo soy despistado y nunca me di cuenta de que me hacían “bullying”, o si mi actitud introvertida en aquel entonces (ahora soy todo menos introvertido) me “aisló” de eso; lo que sí sé bien es que ahora soy lo que acá llamaríamos “vale-verguista” y realmente no me afecta lo que me digan, acompañado de un entorno familiar y social que es sumamente “abierto” a estos temas. Lo que si recuerdo son las luchas internas que muchos amigos me han contado que vivieron o están viviendo justamente ahora, ya sea porque su familia y entorno social no lo acepta, o por el temor a “salir del closet” que resulta una zona de confort falsamente “cómoda”.

Yo terminé el colegio hace unos añitos, y hace un tiempo un excompañero me habló por Facebook (voy de nuevo sin nombre), y entre charla y charla me preguntó que si yo era gay, y resultó que él también lo es, solo que en aquel entonces él  ya tenía plena conciencia de que lo era, y la etapa del colegio fue un tanto amarga para él, mientras que yo no tenía esta conciencia,  y en lo que cabe era de “los populares” y tenía muchos grupos de amistad, en fin, no puedo quejarme, aunque tampoco puedo decir que nunca hubiese recibido de parte de mis compañeros hombres algún comentario despectivo, vivía “tranquilo” en mi falsa zona de confort.  El periodo de universidad fue revelador en cuanto a que la gente no se fija en esas cosas, y por “clasista” que suene la población universitaria tiene un nivel de educación que le permite dejar de lado esos prejuicios sociales. Y fue finalmente en la Universidad que por casualidades de la vida “salí de mi zona de confort”.

… tengo un amigo a distancia que no ha salido del closet por temor a la reacción que su familia pueda tener al respecto, me causa pesar la frustración que le genera esto y que no le permite desarrollarse como persona; tengo un familiar al que por temas “de iglesia” nunca pudo “ser” hasta hace poco.

Finalmente, cuando yo decidí salir de esa zona de confort y de ese closet, el “Plan de Vida” que había ideado para mí fue radicalmente puesto de cabeza, desde niño me dijeron – ¡ahora usted es el hombre de la casa!, y todo había girado en torno a esas roles que tanto “nos cagaron” a Marco, a Ana y a mí. No todo ha sido malo, muy por el contrario, cuando “me deje ser” mi madre lo tomo con tal naturalidad como si siempre lo hubiese sabido (quizás así fue), mi hermana solo me pregunto: - ¿usted es feliz? Y ante mi afirmativa respuesta ella dijo: - sígalo siendo. Hace poco la exesposa de mi primo me dijo, que una de sus gemelas es lesbiana, y que ella tuvo el valor de sentar a su familia y decírselo, así conozco un par de casos, donde el valor y la confianza en sí mismo fue factor fundamental para que esas personas vivan hoy día una vida plena, por lo menos en cuanto a orientación e identidad.

Catarsis de una analogía que parece jocosa y no lo es:
Esperemos que dentro de unos años, y ojalá que no sean muchos, a la personas les parezca igual de ridículo discriminar por orientación e identidad de género como ridículo les parece la discriminación por ser zurdo.  El derecho a cortar una hoja de papel lo tiene un diestro y lo tiene un zurdo, pero el zurdo necesita unas tijeras especiales…. Pues resulta que la población LGBTI también tiene el mismo derecho a cortar una hoja de papel pero no hay equidad que se lo permita.